La gran manipulación

…es el título con el que Jano García (Valencia, 1989) ajusta cuentas con el sistema mediático español de la hora por su entreguismo a las tesis manifiestas del Poder no menos que por su endogamia, su vulgaridad y su fanatismo. Un sistema que tiene a las cadenas de TV como baluarte en la creación de la “nueva normalidad” desde años antes de la expansión coronavírica.

Al respecto, se remonta el autor a la década de los 20’ del siglo pasado con el ascenso al Poder de comunistas bolcheviques y fascistas, como habla de Goebbels durante el nazismo y del Libro Rojo de Mao y su “Revolución cultural”, en un intento de recordar que las técnicas de manipulación las crearon hace tiempo los caudillos de los movimientos totalitarios.

Pero la parte más meritoria de la obra en sin duda la dedicada a la cronología de los hechos de la pandemia que tiene a España con los peores índices mundiales de respuesta en todos los ámbitos (sanitario, económico y también político en relación con las medidas agresivas adoptadas por el Gobierno Sánchez-Iglesias, lesivas para las libertades y derechos individuales).

Hechos que son datos: desde alarmas de la OMS con sus fechas, pasando por los avisos que llegaban de China, luego desde Italia y la UE, etc. Avisos y alertas que el Gobierno desestimó a conciencia, por lo que no es de extrañar que el subtítulo del libro rece «Cómo la desinformación convirtió a España en el paraíso del coronavirus».

Unos hechos y datos que son puestos en su contexto por García, que va intercalando declaraciones de políticos, periodistas, tertulianos que contribuyeron a la gran manipulación que da título al trabajo, impidiendo así que se tomaran las medidas decisivas en el momento adecuado y, peor aún, justificando la actuación gubernamental con una serie de mentiras encadenadas durante los últimos meses.

SARTORI CABALGA DE NUEVO

Siguiendo a grandes rasgos las tesis del brillante politólogo italiano Giovanni Sartori en su esclarecedor Homo videns -reseñado hace meses en este mismo sitio-, García apunta:

“Ningún medio ha tenido un impacto tan significativo como la televisión en la historia de la humanidad. La diferencia entre la televisión y la radio es considerable. La ventaja de la imagen visual sobre la transmisión radiofónica es que lo audible se convierte en una imagen visual con la ayuda de la imaginación del individuo que la recibe, pero no es posible mantener bajo control lo que puede llegar a imaginar el oyente. Con la televisión, la imaginación deja de existir. Lo que ves es la realidad, o al menos así lo capta tu cerebro. La televisión fue ganando fuerza y entrando en todos los hogares de los países desarrollados con el transcurso de los años.”

De hecho, ciñéndose a informes de la consultora Barlovento Comunicación a partir de los datos de medición de Kantar y Comscore, García señala que “el 70,7% de la población española ve cada día la televisión con un consumo medio de 3 horas y 56 minutos por persona al día”, y añade que pese a lo que se piense actualmente, las redes sociales distan de ejercer una influencia similar en cantidad y calidad sobre el público como la de las cadenas de TV.

“Teniendo en cuenta las cifras tan elevadas de audiencia, es evidente que la televisión es la herramienta óptima para la manipulación de masas. El debate social lo marcan los medios de comunicación. En todos los países sin excepción, los temas de interés, las discusiones políticas, económicas, sociales, culturales, etc., son aquellos que deciden los mass media.”

Concretamente, en el caso de España, el autor se pregunta:

“¿Qué papel tuvo la televisión para que España se convirtiera en el país más afectado por la pandemia del Covid-19 (sic)? La negligencia política es también responsable desde luego, pero imaginen que las televisiones hubiesen comenzado a abordar día tras día en febrero la verdad del nuevo coronavirus. Es innegable que la presión mediática y el efecto generado en la población hubiera obligado al Gobierno a actuar de forma distinta. Nadie es capaz de resistir la presión mediática en un régimen democrático o, mejor dicho, en un régimen en el cual la masa social es la que quita y pone gobiernos.”

Pero apunta también que lo más grave y dramático del caso español es “la fusión entre el poder político y el poder mediático”, cuando “las televisiones decidieron obedecer el mensaje institucional”, y comienzan a desfilar por las páginas de La gran manipulación los habituales del compadreo y del sectarismo de nuestros días, significadamente Xabier Fortes (luego destituido) y Lorenzo Milá desde TVE, Susana Griso desde Antena 3, Jorge Javier Vázquez desde Telecinco, e Iñaki López y Antonio García Ferreras desde La Sexta y algunos de sus más conspicuos acólitos -comenzando por su mujer Ana Pastor al frente de esa presunta agencia de verificación de bulos llamada Newtral, que básicamente se dedica a esparcirlos-, o los “contactados” como Iñaki Gabilondo, Cristina Almeida y otros.

EL GOBIERNO SE HIZO EL SORDO

No sólo se había empezado a temer lo peor en enero respecto al nuevo coronavirus de origen chino, sino que para los responsables políticos de los países limítrofes con la potencia asiática aquello se tornó en la principal cuestión a atender, habida cuenta de los antecedentes de la “gripe aviar”. Por el contrario, en España el ministro de Sanidad Salvador Illa y el infame director del Centro de Coordinación de Alertas y Alarmas Sanitarias Fernando Simón comenzaron su particular tour de force por rebajar lo máximo posible la gravedad del problema.

Dos ejemplos de entre los muchos que recoge la cronología aportada por Jano García lo muestran de manera descarnada. Así, el mismo 30 de enero, cuando la propia OMS decide declarar la emergencia sanitaria internacional después de la detección de los primeros casos en Italia, y una vez que China ya había procedido a recluir a decenas de millones de habitantes de varias ciudades del país, Salvador Illa declara lo siguiente:

“No minizamos nada, no hay ningún caso en estos momentos en España. Está preparado nuestro sistema para hacer frente a estas situaciones y las seguimos a diario con transparencia informativa.”

A su vez, el Dr.Simón sentencia al día siguiente (en una de sus más recordadas intervenciones a la postre):

“Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada. Hay indicios de que esta enfermedad sigue sin ser excesivamente transmisible. Sigue habiendo una sola zona, una sola provincia de China con transmisión comunitaria real, en otras zonas hay una transmisión limitada y controlada, y por lo tanto parece, además con el número de casos nuevos que van notificándose día a día, que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir.”

Obviamente, no fue el caso ni en España ni en ninguno de los países de su entorno, caso de Italia o Francia, luego Gran Bretaña y más allá Estados Unidos como ejemplos de los que se vieron gravemente afectados por la pandemia. Pero lejos de rectificar y enmendarse a medida que se expandía el virus, el Gobierno Sánchez-Iglesias se aprestó a lanzar una campaña de acoso y descrédito de todos aquellos expertos, médicos o meros periodistas que alertaban de la gravedad tanto como de la inminencia de la crisis sanitaria en España.

LA RESPONSABILIDAD DE LA OMS

García no se olvida tampoco del nefasto papel representado por la Organización Mundial de la Salud en todo el trance, en cuanto que presidida por un hombre de paja de China se ha comportado durante la crisis más como un embajador de la buena voluntad del Partido Comunista de Xi Jinping que como una auténtica agencia sanitaria.

“Tedros Adhanom pertenece al Frente de Liberación Popular de Tigray, un partido etíope de ideología marxista. El Gobierno etíope, a la sazón dirigido por Hailemariam Desalegn, presidente señalado continuamente por Human Rights (sic) por hostigar a la población e implantar un régimen autoritario y sobre el que pesan delitos contra la humanidad, nombró a Tedros Adhanom como ministro de Sanidad en el año 2005, cargo que ocupó hasta el 2012. Posteriormente fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores hasta el año 2016. Mientras él estaba en el gobierno etíope, tres brotes de cólera asolaron el país llevándose por delante la vida de miles de personas. Sin embargo, cuando era ministro de salud, decidió ocultarlo y llamarlo “AWD” (diarrea acuosa aguda).”

Pero no sólo fue China la que aupó a semejante sujeto a la presidencia de la OMS, ya que “Barack Obama también apoyó su nombramiento porque suponía que Tedros sería el primer africano de la historia en dirigir la organización internacional. Propaganda al poder”, en otra de esas decisiones del malhadado ex presidente de los EEUU que reúne todos sus principales defectos: la soberbia ignorante, el racismo disfrazado de antirracismo, el progresismo “liberal” que le hacía preterir los principios y la responsabilidad del papel exterior de los USA en pos del “Multilaterismo”, que ha dejado sumidas en el caos zonas enteras del planeta ya desde antes de la llegada del coronavirus.

En España, la encargada de ejercer de embajadora de las buenas intenciones chinas fue María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS y, por momentos, colaboradora tertuliana asidua al programa Al rojo vivo de García Ferreras, foco principal de las distintas infecciones informativas que padece la opinión pública española desde el 11 de marzo de 2004, cuando el ínclito periodista trabajaba (manipulando) para la SER.

Aunque sería en una entrevista en La Sexta el 16 de febrero con su mujer, Ana Pastor, cuando Neira declaró a cuenta de la cancelación del World Mobile Congress que se iba a celebrar en Barcelona:

“La OMS desde el principio ha dicho que no haya restricciones ni de viajes ni de comercio ni de intercambios. (…) Nosotros no podemos juzgar a nadie que tome esas decisiones, lo que sí es cierto es que nosotros no hemos dado ese tipo de criterios para que se haga gestión de riesgo y se llegue a esa conclusión. Nosotros hemos dicho que no es necesario ni cancelar, ni evitar la movilidad ni el comercio.”

CASO DE NEGLIGENCIA CRIMINAL

Pese a la alarmante situación en Italia a finales de febrero, todavía tuvo Salvador Illa arrestos para continuar con el mensaje falsamente tranquilizador -los españoles se lanzaron a proveerse de mascarillas, cuya demanda aumentó un 10.000% según los datos de García-, concretamente el 25 de febrero, cuando ya parecía claro que decenas de aficionados del Valencia que viajaron a Italia a ver el partido contra el Atalanta habían regresado infectados a España:

“No hay transmisión comunitaria acreditada hasta el momento en nuestro país y por tanto seguimos pensando que estamos en un escenario de contención del coronavirus en España. No hay una prohibición decretada por parte de las autoridades internacionales ni por parte de las autoridades españolas de viajar a ninguna parte. Hago un llamamiento a la ciudadanía para que no caigamos en el alarmismo. (…) En todas las comunidades autónomas hay capacidad de hacer test y con una solvencia total. El sistema sanitario está preparado para hacer frente a la situación.”

Ese mismo día el impresentable portavoz de Podemos, Pablo Echenique, se lanzó con su degradado sentido del humor a apoyar las tesis gubernamentales:

“En las portadas y en las tertulias, el coronavirus corre desbocado y es una peligrosísima pandemia que causa pavor. En el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España.”

Y como remate, el inevitable Dr.Simón, que todavía comparece públicamente en vez de haber sido procesado por tratarse de uno de los principales culpables de la expansión y grave afectación del coronavirus en la población española, característicamente entre los miembros del personal sanitario y de residencias y farmacias:

“Lo cierto es que en las zonas donde no se han identificado casos, no hay ningún riesgo. Por lo tanto, yo creo que la población tiene que entender los riesgos a los que se expone, los riesgos reales, no los ficticios a los que se exponen y ahí yo creo que sí que hay detalles que nos pueden ayudar para ir normalizando la situación, allí donde hay que normalizarla y donde se tienen que hacer medidas extras, no se preocupen que Salud Pública de cada comunidad autónoma las hará. El uso de las mascarillas sí que puede ser interesante en los pacientes con sintomatología. Pero no tiene sentido que la población ahora mismo esté preocupada por si tiene o no tiene mascarillas en casa. ¡Ninguno! Por tanto, es importante que la población no asuma mecanismos de protección que pueden no tener sentido. España, yo creo que ya se lo hemos dicho en múltiples ocasiones, no recomienda medidas de cribado en los aeropuertos.”

Esto es: como ahora mismo en que el Gobierno Sánchez-Iglesias ha decidido que lo mejor es no tomar ya nuevas (o viejas) medidas porque ahora les corresponde a los gobiernos de las CCAA asumir la responsabilidad y, tal vez, compartir la culpabilidad de sus negligentes decisiones con el Ejecutivo “de Progreso”. Pero la seguridad en los aeropuertos, los principales accesos del coronavirus a nuestro país (especialmente los de Barajas y El Prat), ¿a quién compete?

CONCLUSIÓN

Jano García dirige en la actualidad el programa En libertad que se retransmite a través de iVoox y You Tube y cuenta con cientos de miles de seguidores, a los que pudo alertar ya en febrero de la magnitud de la pandemia de coronavirus pese a la hostilidad manifiesta de las fuentes oficiales y sus sicarios en TV e Internet (redes sociales, sobre todo) hacia la verdad de la amenaza y sus consecuencias sanitarias y económicas sobre la población española.

Escrito como pieza de urgencia para su publicación, adolece por momentos de un estilo descuidado así como de partes que dan la impresión de servir de relleno a la cronología exhaustiva de los hechos, con una mezcolanza entre la exposición bruta de los mismos y el aderezo de sus opiniones sobre la gestión de la crisis que no redunda en la utilidad y valentía de la obra. De hecho, García trata superficialmente algunas cuestiones como la manipulación específica del medio televisivo, o las mismas ideologías totalitarias, que merecen siempre (por su relevancia intrínseca) más precisión conceptual y mayor despliegue de fuentes corroboradoras que las que aporta el autor.

Tal vez se podría haber ahorrado dichas partes, porque para el mes de mayo, cuando el autor remata el libro, ya disponía de material suficiente para continuar apuntalando sus tesis más allá del 14 de marzo, fecha (última de las citadas) en que el Gobierno Sánchez-Iglesias declara el estado de alarma.

En vez de ello, expone sus conclusiones en el último capítulo del libro de modo general:

“España está viviendo un cambio de régimen encubierto por los medios de comunicación, esos embusteros que obedecen al que paga y que son activistas, no periodistas. La crisis económica que vamos a sufrir no tiene parangón. El Gobierno de Sánchez ha decidido que, para conseguir imponer este nuevo modelo en el país, debe eliminar por completo a la clase media y asfixiarla económicamente. Son cientos de miles las empresas que van a desaparecer en España tras esta pandemia. (…) Más allá del terrible resultado en la gestión sanitaria, los números demuestran que el confinamiento generalizado y la paralización masiva de la producción durante tanto tiempo son un error. Pero adviértase que era nuestra única posibilidad para detener la propagación del virus debido a la inacción del Gobierno a la hora de tomar medidas preventivas.”

Y, taxativo, asevera (en una opinión que comparto):

“El estado de alarma no debe volver a ser aplicado por esta pandemia. Los ciudadanos deben ser los que decidan libremente su destino. El miedo a morir no puede acabar con la ilusión de vivir. El estado de alarma se ha utilizado para fines políticos que refuercen la manipulación de masas a través de la eliminación de los contrarios en redes sociales. El aumento del control del contenido en las redes ante el espectacular auge vivido de su uso, como era lógico en una situación de confinamiento para la inmensa mayoría de los ciudadanos, debería ponernos en alerta.”

Aunque su muy negativa opinión de la “masa social” le haga ser pesimista -no seré yo quien le lleve la contraria-, al menos ha publicado un testimonio de indudable valor documental, probablemente el primero en España sobre la específica e incesante manipulación masiva que hemos padecido los ciudadanos a manos de este genuino Gobierno de la Mentira. Sólo por eso, representa un esfuerzo notable y espero que tenga el debido éxito en su difusión.

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Cien días después

…de decretado el estado de alarma inconstitucional y de efectos probablemente insustanciales contra la pandemia -las medidas de reclusión hubieran debido adoptarse al menos dos semanas antes, a finales de febrero- el nefasto Gobierno de Sánchez-Iglesias se dispone a celebrarse con la justificación de honrar a los muertos por Covid19, ¡estos expertos profanatumbas!

Ya amenazaban públicamente con la ruina, a través del incremento de “derechos sociales” y todo tipo de percepciones a cuenta ajena, con la persecución a los empresarios -esos “ricos” que no lo son vía Presupuestos- como bandera, mientras se reparte el botín entre los afines de los medios y “la Cultura” y las “empresas sociales” y los próceres que capitanean las reguladas del Íbex-35.

Así que ahora toca llamar a consenso, o sea la negación del pluralismo político que es inherente a una democracia y que se supone que en España atañe a la representación partidista -lo que ciertamente es tanto como esperar que nuestros políticos se batan el cobre en defensa de las ideas de sus electores, cuando se esmeran en medrar a la sombra de los que mandan por defender sólo sus intereses y sin menoscabo de su condición de electos-.

Se trata de hacer como si nada, como tantas otras veces en que el PSOE ha traspasado todos los «límites constitucionales» (vulgo democráticos), algo que normalmente sucede siempre que los socialistas pierden el Poder y no esperan además recuperarlo en el plazo medio. Pero ha de hacerse notar el hecho de que su paciencia es cada día menor, que a duras penas se soporta ya una legislatura fuera de los órganos de gobierno -¡sin acceso pleno a la elaboración de los Presupuestos!-, por lo que las consecuencias en los ámbitos nacional y autonómico (véase Cataluña) son más deletéreas en la actualidad.

EL PP, ACCESORIO DEL RÉGIMEN

En este sentido, la otra pata «estatal» (aparte de CiU y PNV) del Consenso durante las últimas cuatro décadas -la Derecha vergonzante de UCD y luego AP y PP- procura hacer como que no se entera, como si de hecho fuesen los españoles quienes no se hubieran percatado de las múltiples fechorías e innúmeras negligencias cometidas por los socialistas desde que comenzó la andadura del régimen del 78, régimen execrable por tantos motivos distintos y ninguno de ellos sopesado por el líder de la Podemia Pablo Iglesias en su crítica al estado de cosas del que forma (y siempre quiso formar) parte.

Jamás se había llegado al paroxismo de la desigualdad entre españoles según su lugar de residencia como en estos tres meses de despotismo arbitrario, si bien se han cronificado los privilegios fiscales de la CAV y Navarra, el trato diferencial a Cataluña, especificidades propias del soborno institucional en Andalucía y Extremadura (PER) y Asturias (ayudas a la Minería), o el “hecho diferencial” del que Feijóo, del PNG, saca réditos y financiación para Galicia, como otros para Baleares o Valencia.

Pero entre las fases regionales y el hecho de haber tomado por mero afán de control todas las atribuciones sanitarias en el momento álgido de la crisis, el Gobierno ha demostrado lo fácil que resulta suspender el sistema autonómico -así colapsen todas las UCIs del país- y lo cómodo de descargar después toda responsabilidad en sus gobernantes, según toquen elecciones aquí o allá o se deba hacer campaña contra los partidos de la oposición en sus propios feudos.

Desde que comenzó a gobernar después de la fraudulenta moción de censura contra Rajoy no ha sido otra la estrategia del indocto Pedro Sánchez, bueno sólo para hacer de su exclusiva voluntad un mandato autoritario y de su capa un sayo a la hora de asumir responsabilidades por sus decisiones. Un defecto de personalidad ahora convertido en vicio no sólo por el presidente, sino por el vicepresidente Iglesias y por quienes conforman el séquito de ambos.

Ante este panorama de un Gobierno de saqueadores netos, déspotas por vocación y por talante, el PP busca como siempre que la cosa se pone fea una coartada -como digo, ante su propio público votante y simpatizante- para poder volver a encontrarse “como sea” (incluso vía Zapatero) con los otros en el Consenso que garantiza la participación en el reparto, aunque la emergencia de Vox se lo haya puesto mucho más difícil que Cs en los tiempos de Rivera -qué decir ahora, con Cs consensuando-.

ESCRIBIR SIEMPRE LO MISMO

Siento reiterarme, como cuando insisto en que ETA es una organización criminal que cuando participa en las instituciones adopta nombres como Bildu; o cuando repito que JxCat o ERC debieran ser disueltas como facciones anticonstitucionales, separatistas y violentas, cuyos dirigentes perpetraron hace un par de años un complot contra la legalidad vigente que podía haber deparado un baño de sangre en Cataluña; o cuando acuso a Podemos de ser otra facción patrocinada desde La Habana-Caracas para desestabilizar España y la misma UE.

En realidad, volver a señalar que este Gobierno es responsable de (a sabiendas) no haber tomado las medidas preventivas en tiempo y forma y, más aún, de no haber alertado a la población de los riesgos de la pandemia hasta una semana después del 8-M, su gran acto de propaganda ideológica -¿o qué hacían si no figurando en la pancarta del PSOE la mujer del presidente Sánchez, su vicepresidenta Carmen Calvo y varias ministras, más el ministro del Interior Grande-Marlaska?-, resulta a estas horas tedioso, pero dentro de unos meses se volverá peligroso.

Así que habrá que aprovechar ahora, cien días después de la liquidación expeditiva de nuestra maltrecha normalidad democrática, para testimoniar lo que para cualquier español debiera ser evidente: vendrá la muerte (la segunda ola vírica) y tendrá los ojos pétreos de Sánchez; o bien no habrá tal, decaerá la amenaza sanitaria, y tendrá tiempo el aparato de propaganda de la factoría Redondo-Iglesias para calificar a la oposición de “alarmistas que han arruinado la imagen exterior de España”.

O sea: lo que diga la Tele.

El Gobierno es culpable

…de la actual crisis sanitaria por su sistemática ocultación de los datos reales, por el silenciamiento a que ha sometido a expertos científicos y médicos y a las propias Fuerzas de Seguridad del Estado desde enero, además de por la desprotección a la que ha sometido y somete a profesionales de la Sanidad y miembros de las FSE, personal de residencias y otros empleados y funcionarios públicos que no disponen de los medios de protección adecuados por la incompetencia de responsables como la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, y sus tests chinos a precio de «ganga».

El Gobierno es culpable por alentar a movilizaciones masivas en toda España el 8 de marzo, especialmente en Madrid, más de un mes después de que saltara la alarma internacional no ya por los casos registrados en la China comunista, sino en la misma vecina Italia; pero aún es peor la gestión de comunicación a cargo de un experto como Fernando Simón que ha fungido de mero esbirro y correa de transmisión de las directrices emanadas del Gobierno Sánchez-Iglesias, retardando así la adopción de medidas eficaces y sembrando la confusión y el pánico entre la población.

El Gobierno es culpable por negligente, por tener una banda de sectarios enemigos de España y su Constitución en puestos de responsabilidad, caso del ministro de Sanidad Salvador Illa, que es de cuota del PSC como el ahora desaparecido ministro comunista de Consumo Alberto Garzón es de cuota por la casi extinta IU y la impresentable ministra de Trabajo Yolanda Díaz es de cuota por mujer y por ser miembro de Podemos, como la ministra de Igualdad no es más que una estúpida niñata ascendida al poder por ser la mujer de.

El Gobierno es culpable por mentir de continuo, afectar la actividad sanitaria no menos que la actividad económica, que básicamente pretende destruir para hacer a toda la población dependiente del Estado que pretenden saber gestionar los que jamás han dirigido una plantilla, creado un negocio o pagado una nómina. El Gobierno es culpable de poner en riesgo el conjunto del tejido productivo español, haciendo peligrar así las pensiones de nuestros mayores tanto como el futuro laboral y profesional de nuestros hijos.

El Gobierno es culpable por no haber hecho los debidos ajustes fiscales en todo este tiempo, una vez que parecía consolidada cierta recuperación económica bajo el Gobierno Rajoy, preocupado únicamente por consolidar su poder después de haber asaltado el Gobierno de manera fraudulenta con una moción de censura basada en una sentencia mentirosa que como tal ha sido ya considerada por el Tribunal Supremo.

El Gobierno es culpable por contar con golpistas y terroristas para excluir a la oposición y marginarla, por dedicarse íntegramente a una campaña de imagen permanente con hitos como la exhumación del cadáver de Franco, las nuevas leyes sobre “violencia de género” o laborales, cuando resulta asimismo culpable por no entender la realidad de la pequeña empresa, del sistema financiero o de las grandes industrias exportadoras de España.

El Gobierno es culpable por su deliberada estrategia de echar balones fuera en vez de hacerse al fin responsable de la situación, cargando contra la UE y más aún contra los únicos partidos con sentido de Estado que quedan en España: PP, Vox y Cs. Es culpable por azuzar el odio contra la oposición mientras negocia prebendas y privilegios con sus socios antidemocráticos y antiespañoles, del PdCat al PNV, de ERC a la ETA, mientras habla ahora de solidaridad y cohesión y lealtad, y simultáneamente dirige a través de todos los medios de comunicación (sobre todo las televisiones), sobornados con ingentes cantidades de millones de euros del Presupuesto público, una abyecta campaña de difamación contra el primer gobierno que decidió tomar medidas: el de la Comunidad de Madrid que preside Isabel Díaz Ayuso.

El Gobierno es culpable, responsable de las previsibles decenas de miles de muertos que va a dejar la Covid-19 en nuestro país, y de los millones de trabajadores que van a perderlo todo o casi todo de aquí a unos meses. El Gobierno es culpable y debe ser disuelto y sustituido por un Gobierno de emergencia nacional sin Sánchez ni Iglesias, que han de ser procesados por su responsabilidad criminal en la gestión de la crisis. Pero todavía habremos de ver cómo el español medio entiende que el culpable es Aznar por la Guerra de Irak. Cuánto espero equivocarme a este último respecto…