Rechazo de las leyes de reclutamiento

…es lo que cabría mostrar, al ritmo de los Pogues, si por las venas de los españoles corriera algo más que los restos de antiviruses, ansiolíticos, somníferos y posos de alcohol y resto de drogas duras (legales e ilegales) que nos vamos administrando día a día para poder transcurrir en este tiempo de Sánchez y compañía.

Y a despecho de que el protoCaudillo pretenda uniformarnos, con la falsa promesa añadida de que él en persona acaudillará las huestes de la Nueva Solidaridad Socialista, lo cierto es que como un Luis Enrique esquizoide podría provocar exactamente el efecto contrario como reacción en cadena de todo lo que en verdad se opone a sus designios megalómanos.

Pues no me imagino desfilando con marcialidad a todos aquellos que han hecho del disimulo y la discreción -“ahora no toca”, “es mejor dejar las cosas tranquilas”-, o del confort más bien precario y del bienestar fingido -“si digo lo que sé me la juego”, “es que yo tengo familia”-, las bases todas de este sistema de silencios cómplices y cobardías bien remuneradas.

Ni siquiera apetece ya dar más nombres: al final sabrá cada uno qué le reclama su conciencia; pero lo cierto es que entre los que carecen de tal -como el primer psicópata del país, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, y su adicto Iván Redondo, carente asimismo de escrúpulos de cualquier índole- y los puramente inconscientes de la situación…

“Españoles, la Patria está en peligro: corred a salvarla”, alertaba el afamado bando del alcalde de Móstoles en aquel Mayo Español en que verdaderamente fue la Nación la que se levantó contra el Invasor, y no sólo contra él -que también hubieron de guardarse las élites de la furia popular, de la gente, de los españoles de a pie… hasta que se reunieron de nuevo con ellos-.

Hoy la épica no pasa por sus mejores momentos, pero algo más que la Ayusada y sus tímidas consecuencias posteriores va a hacer falta para galvanizar una vez más a todas esas bases fecundas de la Nación Española que tan sólo están esperando -como en aquel 3 de octubre de 2017 con el discurso del Rey, ahora en apariencia tan remoto- un liderazgo firme y arrojado contra sus enemigos.

La hora es clara, las caretas ya cayeron mucho antes que las mascarillas -con la llegada de Zapatero al Poder en 2004 y su asunción de un “proyecto nuevo” para España, que pasaba por el Tinell y el negociado con la ETA; o lo que es lo mismo: por la exclusión del PP del nuevo régimen que iba a buscar legitimación en la fraudulenta victoria electoral del Frente Popular en 1936-.

El PSOE vuelve otra vez a las andadas prácticamente con los mismos aliados o “compañeros de viaje” que entonces -comunistas y “antisistema” (antaño anarquistas), ERC, PNV… Se trata de esa eterna Guerra Civil que no aceptan perder no ya en el pasado histórico, dado que efectivamente la perdieron, sino en “el Futuro”, último mantra y refugio de absolución para esta escuela de canallas.

No deberán extrañar entonces, de lograr sus propósitos la siniestra entente que nos desgobierna, las manifestaciones masivas de encuadramiento patriótico a lo chino -amenazan, a fin de cuentas, con “requisas de bienes” en la inconstitucional nueva Ley de Seguridad Nacional- a las que concurrirán encandilados nuestros profes de madrasa universitaria, los activos y pasivos del entramado LGQTvoyacontar, y demás caterva parasitaria.

Y al fin puede que todos tengamos lo que en verdad nos merecemos por nuestra pasividad de lustros, impostada o resignada, que tan bien hemos sabido conciliar con un mero nivel de vida poco exigente con cualquier deber cívico o patriótico, pero muy cómoda al fin de poder disponer de horas sin cuento para los consiguientes atracones de series de TV.

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Un reciente plebiscito de la Casta

…llevó a los catalanes –a una buena parte de ellos- a votar en urnas de cartón y sin ningún tipo de registro censal ante la estupefacta mirada de todos (es un decir) los demócratas del mundo, y me remonto a tiempos anteriores a la proclamación-farsa de Independencia de septiembre de 2017.

Y es que ha transcurrido casi una década de vulneración sistemática de la Ley por parte de las autoridades del Estado… en Cataluña; ¿un autogolpe sistemático? ¡En parte sí! Ahí seguro que podemos recordar a Mas escapando en helicóptero del Parlament asediado por las turbas fanatizadas (en no menor medida que subvencionadas) por la misma Generalitat…

Una chusma, digamos, tan okupa como dependiente, tan parasitaria como demente, violenta y contradictoria en sus fines pueda resultar la carne de cañón o “masa crítica” que el separatismo fomentado por esas (presuntas) élites barcelonesas necesita para satisfacer sus voraces ansias de hegemonía y poder político, cultural, mediático y, fundamentalmente, económico; ¡pero siempre a cuenta del BOE!

Ciertamente, han hecho depender durante más de siglo y medio toda solución de continuidad histórica de la Nación Española de sus mezquinas, codiciosas pretensiones; como si una “voluntad de poder” insaciable guiara su “pensamiento”, su acción toda en pos de arrancar de una vez por todas la mancha eterna de “lo español” de la pureza pretendida de “lo catalán”.

Luego tenemos a los untuosos «empresarios» de siempre, como si son «Grandes de España» o «hereus» de fortunas fruto de la especulación protegida por el Poder, cuando no directamente producto del Saqueo Institucionalizado, fungiendo de almas cándidas que abogan -siempre templados sin ser capaces de templanza alguna a la hora cruda de la verdad- por «el diálogo», «la moderación», «la cesión por ambas partes» y demás catálogo justificador de primorriverismos, conllevancias, pujolismos o directísimos (¡obviamente «unilaterales»!) golpes de Estado contra la Ley y el Común.

Y mientras se suceden esos patéticos juegos de manos televisados entre los diversos figurones y subalternos del Poder en torno a la mera cuestión de los indultos a los golpistas, se advierte ya por todas partes ese aroma a crisantemos tan propio del mal llamado “proceso de paz” con ETA; sólo que ahora es toda España (y no sólo la sociedad vasca) la que apesta a cementerio.

España a deshoras

…tiene estas cosas: que como en cualquier otro periodo de su historia, al coger un momento aislado, da la impresión de que todo está sumido en el caos y la desintegración… cuando en rigor no deja de llamarse España esto que tenemos entre manos los españoles de la hora presente -la única genuinamente vigente-, como desde hace tres milenios.

Precisamente podríamos conmemorar este 2021 los cinco siglos (o medio milenio) de la definitiva reunificación política del Reino (vulgo Estado) de España, aún presente hoy y más aún vigente contra el marasmo dizque “republicano” que conforman -o deforman, más bien- los enemigos todos de España y su constitución tradicional, renovada como legado desde el Cádiz de 1812 para todos los españoles de la actualidad.

En vez de ello, parece reiterativo mentar que el Gobierno que padecemos es puro simulacro, que Sánchez es un presidente enfeudado a socios tan viles como los narcobolivarianos que patrocinan Podemos, las excrecencias fanatizadas del corrupto Pujolismo (de ERC a las CUP) y el partido de la ETA, Bildu-Sortu, con el PNV haciendo de pasante de toda esa siniestra mafia.

Frente a semejante “bloque de investidura”, el PP demediado de Pablo Casado no se ha de recuperar de su falta de liderazgo hasta que no liquide los restos de desafección (y desánimo) hacia España y la Nación Española de su propia formación en regiones como Baleares, Galicia, Valencia, País Vasco y Cataluña, donde hace mucho que se conjura el identitarismo regionalista como una suerte de compensación por el complejo “españolista” de sus miembros.

Sentimientos contradictorios -considerados como tales por sus propios tenedores- que no se dan en los votantes de Vox, convencidos de que España es la que es -la que siempre ha sido- aunque los españoles podamos ser (todavía y de aquí en adelante) de muchas maneras distintas; eso que no ven ni los separatistas ni los empáticos apátridas “terceristas” o “centristas” de la hora, como tampoco los extremistas de la Izquierda que se muestran tan incapaces de defender la España liberal como una España del futuro cohesionada y solidaria.

A la mayoría de nuestros dirigentes políticos y pensadores de mayor fuste del último siglo y medio da la impresión, al menos al tomar casos aislados de nuestra historia -en ocasiones puntuales-, que la realidad de España y la de los españoles, que le es consustancial, le ha pillado a deshoras, con el pie cambiado, “fuera de onda”; cuando a juzgar por el trecho recorrido debiera parecer claro que al final todo tornará a lo mismo de siempre: un acontecer pesado, tal vez cojitranco, con repentinos vuelos de ingenio, que es lo propio nuestro.

Pese a todos los hechos turbulentos, y todas las disensiones internas. Un suceder estático.

Después de la resaca de la Ayusada

…debiéramos repensar los “libres e iguales” el proyecto de renacionalización de España que es tan necesario en regiones enteras como el Levante (Cataluña, Baleares, Valencia) o el Norte (País Vasco, Navarra, Cantabria, Asturias, Galicia), una vez que parecen o deben ser salvadas –elecciones mediante- Andalucía y Murcia; salvadas efectivamente del asalto dirigido desde La Moncloa con todos sus aliados antiespañoles.

Lo bueno de los resultados electorales de Isabel Díaz Ayuso en Madrid es que insuflan ánimo a todos los descreídos de una alternativa al Sanchismo, porque ella exhala por todos sus poros una alegría por el triunfo capaz de contagiar a otros líderes de la Derecha que ahora apenas se vislumbra en las agotadas canteras de PSOE y Podemos, PNV, ERC y demás.

Todo un logro añadido, aunque nunca faltaron en el PP los aspirantes juveniles, ni en Madrid ni en otras partes de España, y bien pudiera ser el momento de reorganizar a nivel interno los medios de promoción y selección de candidatos a cargo público en el que se mantiene aún como “gran partido del centro derecha español”; ganarían ellos para empezar, y con ellos los ciudadanos exigentes de excelencia en la gestión pública.

Pero, ¿cuál es el proyecto nacional del PP? Se desconoce; y ello hace difícil que los buenos resultados matritenses se puedan proyectar o basten para la candidatura de Pablo Casado a la Presidencia del Gobierno tras unas próximas Elecciones Generales: quedan como siempre pendientes los escaños de País Vasco y Cataluña, con Valencia en medio y Madrid y Andalucía aparentemente ganadas para la Derecha.

Queda, más aún, resolver la “cuestión catalana” de la única manera posible a estas alturas: suspender todas las instituciones en las que se ha enquistado el separatismo después de décadas de inoperancia del Estado; liquidar la financiación de sus grupos de operaciones y medios de comunicación; deslegitimar por todos los medios sus ardides en el exterior y refutar todos sus asertos mentirosos de cualquier índole: histórica, literaria, política o económica.

Respecto al “problema vasco”, qué decir que no se haya dicho ya: Bildu es el partido de la ETA y debe ser ilegalizado por no haber condenado hasta la fecha el historial criminal de la organización de la que es pantalla; los medios separatistas financiados con dinero público deben ser cerrados; las competencias de Seguridad, Hacienda y Educación deben ser reasumidas por el Estado central, sin ambages…

…y, ya de paso, la ikurriña –que es bandera de parte o facción, PNV o “movimiento abertzale”, o “euscalerríaco” o “bizkaitarra” o euskadiano (que me viene a dar igual)- debe ser arriada de todos los edificios públicos, porque no deja de ser la enseña de una ideología delirantemente racista en su profundo e inusitado odio antiespañol.

Llegado ese día esplendoroso igual me creo que España es un país libre y democrático donde concurren electoralmente diferentes opciones moderadas en pie de igualdad, alternativas siempre respetuosas con el ordenamiento constitucional que constituyen medios de acceso y de comunicación de los ciudadanos con la política y sus representantes públicos… Y no el campo de facciones saqueadoras que se nos ofrece ahora.

A la espera me encuentro: ¡Pasa chanda!

La pulsión nihilista

..de nuestra sociedad se evidencia cada vez que salen a la luz los datos sobre natalidad, bastante más indicativos que los de densidad de población para obtener cierta imagen fija de nuestra sociedad: un jubilado de más de 75 años que espera su segunda dosis de la vacuna antiCovid para poder seguir cuidando del único nieto de su descendencia de tres o cuatro hijos.

Claro que ahora mismo la mitad o casi de los hijos de la generación jubilada -pongamos que de 65 a 90 años- se encuentra en ERTE o en el mismo puto paro, tal vez desde hace meses o desde hace un par de años, y sin visos de salir de la estacada; claro que muchos de ellos no necesitan tampoco trabajar, viven de algunas rentas heredadas y propias: invirtieron en ladrillo mucho antes de la crisis…

Así que de no ser liquidada la opción antisistema de Podemos, la grave crisis económica -disfrazada o al fin traducida como “grave crisis sociopolítica”- podría cronificarse, volverse endémica, y suscitar finalmente ese estado especial de convulsión civil -en cada ciudad, calle a calle- que hace imposible la convivencia, incierta hasta la mera coexistencia, y propicia básicamente la erección de caudillos de bandas criminales y facciones violentas como garantes de la seguridad particular.

O sea: lo que se perpetró en el 34 por parte de PSOE-UGT, CNT, ERC y PNV; y lo que devino la tan manoseada como lastimera “II República Española” desde los primeros días del 36 hasta la derrota definitiva (!) del Frente Popular el 39, precisamente después de que los últimos reductos de poder del Frente se enzarzaran entre sí en una auténtica batalla sin cuartel por las calles de Madrid -como antes sucedió en Barcelona entre los estalinistas y los “hitlero-trotskistas” de CNT y POUM-. 

Ahora se trata de trasladar al imaginario público una especie de “Batalla por Madrid” (¿la del 36 o la del 39?), pero no cuaja; la cuestión es mucho más sencilla y se reduce a elegir entre lo bueno conocido en la gestión, que resulta además tolerante con la generalidad, o lo malo asumido como rasgo distintivo por el criminoso caudillejo de Podemos Pablo Iglesias y su chusma adicta de violentos extremistas de todo pelaje. 

El PSOE en el Gobierno está a la espera ansiosa de lo que suceda, aunque vayan quemándose en la campaña de manera tan torpe como innecesaria, y su propio candidato es el convidado de piedra al que todo el mundo hubiera podido invitar como “allegado” en las pasadas fiestas de Navidades sin mayor preocupación… Pero votarlo ya es otra cosa, ya.

Aun y todo, nada es descartable en esta España debido a la citada pulsión nihilista de sus gentes, que parecen vivir como si no hubiera un mañana ni delante ni -lo que es peor- detrás de sí mismas, lo que no redunda fácilmente en la asunción de valores y virtudes como el compromiso, la honradez, la templanza, la previsión ahorradora o la ética del (y en el) trabajo; ¡como para tratar de asuntos como el sacrificio, la disciplina, la urbanidad o la exigencia de responsabilidades a nuestros representantes!

Nos hemos acostumbrado quizás a esperar que nada puede durar demasiado -ni el mal español de los últimos quinientos o mil años, ni los males de nuestra joven (cuarentona ya) democracia, ni la crítica situación económica de los jóvenes, de los parados de larga duración, de las pequeñas empresas, de la misma Administración…-, porque de lo contrario no se comprende tanto hartazgo sofocado, tanta paciencia nerviosa, ¡tan pocas ganas ya hasta de hablar mal de nosotros mismos!

O tal vez se trate de mero senequismo, ¡más cornadas da el hambre! Si lo sabrán los del gremio…

Les conviene que haya tensión

…a nuestros habituales fascistas de la Izquierda -válgame la redundancia- por ver de confundir a la gente con aquello del “conflicto”, cuando las hostias siempre las reparten los mismos a los mismos que las aguantan con mayor o menor estoicismo, mientras la Policía hace sólo lo que puede y todavía reciben sus miembros los palos de la turba que habrían de llevarse sus inmediatos superiores y los dirigentes políticos que rehúsan hacer valer su monopolio de la violencia.

Viene siendo así desde hace medio siglo, pero como el “conflicto” parecía circunscrito a las provincias vascas quien más quien menos confiaba en que la situación mejoraría con el tiempo… hasta que se extendió a Cataluña y Madrid y ha permanecido latente desde entonces hasta prácticamente los (ne)fastos que siguieron al 11-M de 2004 -algaradas promovidas por el PSOE y sus aliados antisistema- y más aún después del 15-M de 2011 que vio nacer (darse a conocer públicamente) a Podemos.

Progresivamente, la corrosión de la legalidad y del mismo respeto democrático a los adversarios políticos y a las instituciones ha producido la práctica destrucción del entramado de convivencia conocido como “régimen del 78”, hasta el punto de que las fuerzas contrarias al liderazgo del PSOE -al frente de la entente anticonstitucional de la que participan Podemos, ERC y Bildu (ETA) significadamente entre otras facciones- son calificadas de “ultraderecha” con vistas a expulsarlas del sistema.

Ciertamente, poco éxito podría cosechar esta estrategia sin la entrega de los medios de comunicación a una falsaria vocación de salvapatrias, presuntamente “democrática”, que no oculta sino un estéril y fraudulento elitismo apoyado en la ignorancia fanática de los biempensantes sin contacto con la realidad. Una casta aún más perversa que la de los políticos por sus fantasiosas ideas sobre la sociedad, por su particular y asumida irresponsabilidad práctica y por su cinismo inmaduro (que de ambos aspectos deriva) cuando son pillados en falta.

Así, ya no se puede saber cuándo conviene más al Poder, a sus sicarios o a sus medios de reproducción de propaganda fomentar la violencia, porque todos parecen en extremo dependientes de la existencia de un enemigo ominoso al que endosar todos los extremos del mal para poder cargar contra él sin ambages ni escrúpulos. Sed de violencia, “nos conviene que haya tensión”; para acto seguido pasar a escenificar los roles de víctimas y agraviados secularmente. La matraca de siempre, al servicio de los dictadores de la hora.

En todo caso, ahora como en el 34, siempre el PSOE instigando al enfrentamiento civil: siempre.

Uno de cada dos catalanes ya no responde

…a la llamada a urnas, como sucedió en verano en el caso vasco (“Uno de cada dos vascos ya no responde”), y si merece la pena destacarlo es porque, más acá del desistimiento político o a causa de las condiciones sanitarias por la pandemia, resulta que la falta de participación activa de la mitad de la población en ambas regiones suscita de inmediato la sospecha de las pocas ganas que tiene la mayoría de nuevas y fraudulentas farsas “por la Independencia”.

Mal está que se intente obligar a los españoles a respaldar el simulacro de democracias a pequeña escala que detentan siempre las castas consolidadas por el sistema autonómico en el marco del régimen del 78, pero peor aún está que los mismos que hablan de “golpe de Estado” para referirse al 1-O acepten con “normalidad” los hechos y personajes que han sucedido a la aplicación del artículo 155 a las instituciones de autogobierno de Cataluña.

Porque la tardía intervención del Gobierno de Rajoy contra los responsables de la rebelión anticonstitucional se transmutó casi de inmediato en no intervención respecto al acontecer político dirigido por la Generalidad y sus instituciones, asociaciones, plataformas y medios aledaños, que tan pronto como se recontaron los votos de las anteriores elecciones continuaron bajo control de los mismos que habían puesto en riesgo de quiebra todo el entramado.

Que ahora en unas elecciones tan innecesarias como riesgosas para la salud del común de los ciudadanos (y no sólo de los que fueron a votar, por cierto) se respalde una vez más a los más ineptos, corruptos y fanáticos dirigentes catalanes del último medio siglo -vale para los de PSC, ERC y JxC casi por igual- viene a explicar la abstención de los que votarán con los pies de aquí a poco, tanto como la de quienes ni siquiera entienden que puedan celebrarse elecciones después del 1-0 SIN QUE NADA HAYA CAMBIADO.

En rigor, la permanencia de siglas y dirigentes atrincherados en sus posiciones -¡y no menos que ambos las propias bases de activistas y militantes sectarios y desaforados!-; el discurso del (permanente) Odio antiespañol propalado desde los medios por presuntos periodistas, intelectuales, catedráticos, historiadores, ¡expertos!; y la misma ambientación de violencia callejera “antifascista” como telón de fondo hacen del todo imposible presentar el 14-F como unas elecciones democráticas limpias y libres.

Pero como a todo nos hemos acostumbrado ya los españoles, todavía algún pillo de la Prensa “de Madrid” le dedicará doble página a un tal Pedro Aragonés para que platique acerca de su “modelo integrador” de Separatismo “moderado” con el fin de establecer “una nueva relación de bilateralidad con el Estado”, ahora por cierto ocupado en sus alturas por la banda de Podemos y los serviles ministrines del Doctor Sánchez, a quienes ellos (no en vano) auparon al Poder.

Por de pronto, y ya acabado el proceso electoral, los jefes del movimiento separatista deben regresar a sus celdas para que todo más o menos retorne a la “normalidad” del día a día -que ya se sabe que «en campaña» hasta un vicepresidente de Gobierno puede denunciar que sirve a un Estado represor sin que se le caiga el moño al suelo-; que ya, si eso, «como en un par de meses», se resolverá lo suyo cuando el caudillo que preside el Gobierno decida sobre sus indultos, tipo Franco.

Para que luego protesten los paniaguados del Turno contra los que ya renunciaron/renunciamos a votar (vulgo “secundar la farsa”) hace años, por lo menos en estas elecciones de suyo amañadas de entrada por los falsos referentes y el control omnímodo de la casta partidaria que se ha consolidado en cuatro décadas de nefasto sistema autonómico.

La normalidad democrática

…en España ha sido zarandeada desde el mismo origen del actual régimen del 78, si bien con sobresaltos parecía haberse consolidado con la llegada al Poder de Aznar después de los turbulentos años del Felipismo -una década felicísima en todo el orbe occidental, por otra parte, por lo alegre y próspera que parecía ser ya en su momento-.

Fue con Zapatero y su extraña sucesión de un Aznar de salida, 11-M y bulos mediante, que el “presidente por accidente” decidió ejecutar un arriesgado proyecto de exclusión del PP entregándose a todas las fuerzas antiespañolas de CiU y ERC (Pacto del Tinell) al PNV y ETA (“proceso de paz”), para lo que promovió además un revisionismo panfletario de la Guerra Civil del 36 que justificara sus nuevas relaciones políticas.

Algo que sin apenas pestañear ha decidido asumir nuestro actual caudillo socialista Pedro Sánchez, lleno de ínfulas presidencialistas y de ambiciones de chulo de discoteca, cuando además ha incorporado a su ejecutoria a los que podrían pasar por comisarios y chekistas del PCE estalinista o bien por cenetistas desaforados, si no fuera porque los dirigentes podemitas son criaturas de clase media alta que no han trabajado en su vida más que como profesores (y sólo algunos, y poco).

Pero no se olvide que cuando Pablo Iglesias secunda las insidias de Putin y sus voceros sobre la “anormalidad democrática” de España se refiere al Gobierno de Rajoy y las medidas adoptadas en 2017 contra el golpe separatista, aquél felizmente expulsado del Poder según piensa este Lenin sobrevenido y éstas, aunque en “vías de solución”, todavía características de un “Estado represor” mantenido a día de hoy por culpa del “candado de la Constitución”.

No cabe sorprenderse ni escandalizarse al respecto, puesto que el propio Iglesias prometió liquidar el régimen del 78 en su fulgurante trayectoria electoral al “asalto del Cielo”, allá por 2014 con el acceso al Europarlamento, que tuvo como contrapartida a corto plazo el declive de UPyD -y a la postre, el de Cs- y la radicalización del PSOE, aunque el PP de Rajoy en el Gobierno se obstinara en fomentarlo como la panacea contra toda forma de oposición a sus decisiones.

Los resultados están a la vista, ahora que tantos socialistas de la nueva ola zapaterina y sanchista se hacen los ofendidos por las descalificaciones rusas; pero insisto en que Iglesias sólo pretende desacreditar ciertos usos del pasado vinculándolos sobre todo al PP para conducirnos hacia la “nueva normalidad” superadora del régimen del 78.

Que no será democrática, desde luego; ni tampoco normal: lo vemos todos los días asistiendo desde ya a los desmanes múltiples de la colección de ineptos, serviles y sectarios que tenemos de ministros (y de ahí para abajo en el organigrama) con pocas excepciones, y no precisamente las de los miembros de Podemos y compañía en la Vicepresidencia Segunda, el Ministerio de Igualdad, el de Trabajo, el de Universidades o el de Consumo..

 A fin de cuentas, si en España tuviéramos una democracia “normal” el plagiario presidente Sánchez (también muñidor de fraude electoral en las primarias de su partido y de la fraudulenta moción de censura contra Rajoy) habría sido expulsado del PSOE, que tampoco existiría con esas siglas -como tampoco PNV o ERC-, EH Bildu y todas las marcas separatistas estarían fuera de la Ley y las instituciones catalanas suspendidas hasta nueva orden.

En vez de ello, el travestido hijo del frapero se dedica a ver series de TV y a descalificar puerilmente la Monarquía, mientras el falso Doctor sólo está para lanzar de cuando en cuando melifluos discursos vacíos sobre “el Progreso” con las morcillas habituales de “transición ecológica”, “gobernanza”, “empoderamiento” y demás. En rigor, la consecuencia de una clase dirigente anormal (y con tantísimo poder en sus manos) es la “anormalidad democrática”, que diría Perogrullo. Pero así es y así nos tienen: “en vías de normalización”, ¡como si toda España fuera “Euskadi”!

No penséis en el burrito gris

…de las elecciones pseudodemocráticas en Cataluña -en rigor, un simulacro para saber cómo proceder ulteriormente en otras citas electorales, como las Generales-, pues sea cual sea el resultado el Gobierno Sánchez-Iglesias maniobrará en consecuencia para estabilizar la situación con sus socios, ampliando así la consolidación de un Poder cuya legitimidad de origen es oscura y de ejercicio, nula (con aún debidas consecuencias penales).

En esta tesitura, Ciudadanos apenas tiene voz para condenar las agresiones a Vox -foco actual de la permanente campaña hostil contra todo lo español en Cataluña (y por ende en toda España)-, y el protagonismo de Pablo Casado se revela tan desabrido como incierto, con mensajes secundarios contra Vox que desdibujan el paisaje de la contienda real, y se llevan los primeros planos, mientras sume en la irrelevancia a las propias siglas y sus candidatos, como sucedió también en el País Vasco.

Al cabo, sólo puede haber dos políticos perdedores la noche del 14-F: uno será Junqueras, con toda probabilidad -lo que no quiere decir que no pueda rehacerse paulatinamente mientras resuelve administrar una nueva relación con el PSOE en el Gobierno-, o bien Puigdemont (dudoso); el otro será sin lugar a dudas Casado, por mucho que Cs también se desmorone: hace ya algún tiempo que Inés se mudó a Madrid y es congresista, al par que su marido apunta la “tercera vía” de un catalanismo nuevamente “moderado” para no salir del todo de allí.

Con esos objetivos de una “nueva relación” Madrid-Barcelona -“España-Cataluña”, entienden algunos-, lo que pase el 14-F tampoco parece que vaya a desanimar a la líder de la fuerza más votada en las últimas autonómicas; ya habrá tiempo de volver si vuelve, y quién sabe si para entonces como candidata al mismo Congreso por el PP, o a presidir la Generalidad… Pero, ¿qué espera sacar Casado de estas elecciones en que sólo destaca Ayuso, y ello porque a los buenos ciudadanos les da envidia la situación en que se encuentra Madrid?

Al menos Vox dará por muy bueno cualquier resultado que les brinde escaños para la representación de sus votantes y de todos aquellos catalanes silenciados por razón de lengua, origen u opiniones políticas; una opción por la representatividad de las ideas de Nación y Ley, sobre las de seguridad y orden y prosperidad que tan de lado han sido dejadas por los procesionarios separatistas, cáncer de Cataluña en riesgo cierto de metástasis por toda España.

Porque Vox tiene intereses nacionales, y su discurso es “igual en todas partes” -hasta la fecha-, a falta de una estrategia nítidamente definida para alcanzar el Gobierno (hacerse con el Poder) que su presidente y fundador, Santiago Abascal, suele relegar con inmoderada modestia como accesoria cuando su vocación de servicio a España le impone ante todo defender los derechos y libertades de los ciudadanos en cualquier punto de su país.

Desde luego habrá que esperar al 14-F para ver cómo celebra él los resultados de su partido, sobre todo después de una campaña tan dura y difícil para sus militantes. No habrá sido de balde.

Sólo Vox parece entender la situación actual de España

…con un Ejecutivo de práctica demolición de la tradición constitucional y unitaria de la Nación desde 1812; con un Pablo Casado echado a perder después de su desabrido discurso antiAbascal durante las jornadas de la moción de censura contra Sánchez; con una Inés Arrimadas entregada al «diálogo» con el PSOE (¿y con el PSC también?) por mor de eludir «la crispación»…

En dos semanas se celebrarán elecciones (como si todavía se pudiera elegir allí, con libertad) en la desgraciada tierra de Cataluña, donde las facciones en busca de los restos del botín del Pujolato -autoridad del jefe de clan o capo, prestigio del terror imbuido jerárquicamente a todos lo que ansían formar «un sol poble»- formarán gobierno «como sea», una vez que resuelvan los pormenores técnicos de la repartición del Poder.

En frente, como recién aparecidos, sólo tendrán entonces a los diputados de Vox y a algunos supervivientes de la criba en PP y Cs -siempre y cuando no venga Teodoro García Egea a empeorar la situación espoleado por un Feijóo, pongamos por caso-, lo cual deparará a Alejandro Fernández una soledad pública similar a la de Cayetana Álvarez de Toledo, aunque al menos (como a ella) siempre le quedará el apoyo moral de… los de Vox, claro.

Porque Casado no da muestras de querer hace siquiera oposición en lugares como Cataluña o País Vasco, puede que para mantener «abiertas las vías» de cara a futuras ententes o contubernios con PNV ¡y hasta con ERC, como en tiempos de Soraya y Rajoy! en vistas a desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa cuando la devastadora crisis económica, sumada a los drásticos números de decesos a lo largo de la pandemia, se lo lleve por delante.

Pero lo cierto es que, hasta la fecha, los errores y las mentiras, los casos de negligencia y corrupción y las mismas muertes por Covid19 las ha distribuido Sánchez efectivamente entre todos -responsables autonómicos, municipales, servidores públicos y ciudadanos- con un éxito notable, o de lo contrario ya habría sido procesado junto a la mitad de su gabinete empezando por Salvador Illa, ese ex ministro de Sanidad y candidato a la inanidad que también podría llamarse Benigno sin causar mayor injusticia a su nombre.

Por lo demás, como ya no hay vida parlamentaria -algo que de todos modos no nota el común de los españoles, sepultados éstos bajo las tablas de incidencia acumulada e ingresos en la UCI-, da la impresión de que ya no va a haber política ni casi cambios hasta las próximas Generales, porque ese tipo de clon específico del PP (tanto como de Cs en los últimos tiempos) sólo está acostumbrado a hablar si le ponen una alcachofa delante, si los periodistas aguardan disciplinadamente en fila a las declaraciones oficiales de turno.

De ahí que los medios nos entretengan con las peleas gallináceas entre los socios PSOE y Podemos en el seno del Gobierno, a cuenta de dogmas y prejuicios sobre asuntos que no importan a la generalidad de los españoles -pero que desde luego nos lo ponen más difícil en el día a día, al par que coartan nuestra libertad de expresión y merman nuestro derecho a la igualdad de trato y de oportunidades-.

De fondo, Sánchez sigue quemando etapas, naves, ministros y lo que se tercie en su única idea fija de hacerse con todo el Poder y consolidarse en él para los restos, él y los suyos -entre quienes no faltarán miembros de otros partidos, ojo; así como «intelectuales» y «compañeros de viaje» de toda laya-; en frente, todavía, apenas nadie: sólo Vox parece entender la situación actual de España, pero sus actuaciones no parecen responder a una genuina estrategia a largo y de ello se resiente todo su discurso y por supuesto su acción política.